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La Coctelera

Sientate, vamos a visitar a Madrid

Cuando estás en Madrid hay que sentarte. Siéntate y no te muevas. Encuentra un café bonito cerca de alguna glorieta, alguna plaza o el bar de enfrente, siéntate en la mesa que prefieres, puede ser al lado de la ventana para ver pasar la gente en al calle o al fondo del café con una vista de los demás clientes, y pide un café con leche, una caña o una coca-cola miniatura europea. Quédate ahí un mínimo de una hora, dos horas. Si te quedas durante tres, ya te vas acostumbrándote al ritmo de la ciudad. Puedes utilizar este tiempo para leer el periódico, hablar con tus amigos, o simplemente fumar y mirar la gente.
Si tienes que moverte, debes dar un paseo. Lento y de largo recorrido. Os puedo recomendar los paseos típicos, por el Retiro, por el Parque de Oeste, por al Gran Vía, pero los más interesantes vais a descubrir para vosotros mismos. Son los paseos por las pequeñas calles de tu barrio, haciendo otra vuelta a la escena y siguiendo las calles a donde van. Cuando te cansas, entra en un café bonito y pide otra caña u otra coca-cola. No te esfuerces demasiado, por eso existe la marcha.

Fue broma

Estoy agotada. Así que no yo a escribir mucho. Solo una pregunta que tengo pendiente desde hace mucho tiempo. Se me ocurrió un día cuando estábamos hablando mi amiga, su novio y yo. Ella iba a la spa para un masaje y estábamos discutiendo sobre las distintas formas de masaje que hay, si son buenos para la salud, cual forma es lo mejor. Llegamos al masaje sueco. El novio dijo en broma que era un masaje que te daba una rubia alta muy sexy. Yo respondí que entonces en un masaje español te golpeaban con un jamón y el masaje irlandés vendría con un guiness para después. El novio se reía y me dijo que qué bueno que tenía un sentido de humor español. Hasta hoy no sé de qué estaba hablando. Si algunos de vosotros os atrevéis a definir que es el humor español o me podéis explicar como se distingue del humor americano, por favor, decidme.

¿Lo malo de la primavera?

¡Es la primavera! (de fecha, al menos, de temperatura no queda tan claro).

¿Para ti qué significa la primavera?
Para me tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Pero hay mucho más que cae bajo la primera categoría que bajo la posterior.
Pasarme el domingo de copas en las terrazas de la Plaza Dos de Mayo.
Salir de casa sin abrigo.
Llevar falda.
Y sandalias.
Ir de compras para nuevas faldas y sandalias.
Ir a la frutería y comprar un kilo de fresas.
Fijarme en todos los chicos que van por las calles. Durante el invierno casi no los veo, pues van demasiados abrigados.
Y flores, y árboles que florecen.
Conciertos al aire libre.
Hacer surf.
Estar al lado del mar en general.
Cenar en el patio con mi familia.
Esto para empezar.

¿Y los inconvenientes?
Bueno, aparte de tener que depilarme, por lo de las faldas, ahora no se me ocurre nada más.

Polémico epistemológico

Hemos pasado directamente de la época de los exámenes parciales a la de los trabajos finales. En enfrentarnos con este maratón de trabajo, tengo que superar tres retos: el agobio, que hace un tiempo fantástico, y todas las distracciones que esto se supone, y la inaccesibilidad de los textos académicos. Como estamos en una clase de estilo de escribir, pensaba dirigir mis pensamientos sobre este último tema.
Ahora mismo estoy leyendo un texto que se titula Feminismo y filosofía. Como te puedes imaginar, dentro de este marco cabe mucho. Y como hay mucho que decir y solo unas trescientos páginas para decirlo, me parece que no se han prestado mucha atención a las normas de la escritura que facilita el entendimiento para el lector. Por ejemplo, como una lector me encantan los párrafos. Son una estructura muy útil para marcar el comienzo de una nueva idea. No digo que este libro no tiene párrafos, sí los tiene, pero como uno de ellos corre cinco páginas, me pierdo un poco.
Que existe un problema de entendimiento al nivel lingüístico, no hay duda. Me confunde la estructura de una frase y tengo que leerla otra vez. La falta de vocabulario. Pero se utilizan sintaxis y términos en la escritura académico que no se entiende aun siendo nativo. ¿Seré la última en aprender la palabra “androcéntrico”? Como términos así se repiten varias veces y casi nunca se los definen dentro del mismo texto, voy leyendo con un diccionario ideológico a mi lado. Hasta que me agobie y salgo para disfrutar del buen tiempo.

Salir o no salir

Qué os puedo decir, ha sido una semana sin noticias. Entre los exámenes y las obras no he dormido mucho, pero como veis, no por razones interesantes. Se supone que debo salir más para crear más intriga en mi vida. No me faltan oportunidades; las tengo, pero no las aprovecho. El sábado pasado mis amigos salieron a bailar, pero llovía y había que coger el metro y volver en taxi y me entró una pereza y me quedé en casa. Y después de tanto vaguear estoy reventada, así que imagínate como estaría si hubiera salido.
Bueno, salgo esta semana a dos, no solo uno, pero uno, dos conciertos. El primero es un grupo de hip-hop flamenco que se llama “Ojos del Brujo”, y en el segundo toca el novio de una amiga, así que a lo mejor después del concierto vamos “backstage”. Entonces, la semana que viene os traigo noticias, si es que no estoy demasiado perezosa.

La tertulia

Cuando estuve en España hace cinco años, me enamoré de la cultura de los cafés. Cada domingo iba al Café Moderno con el periódico para pasarme la mañana. Me fascinaba que a mi alrededor todo el mundo leyera y discutiera. Más que leerlo, me encantaba escuchar de qué comentaban las personas en las otras mesas. Ya sé que es un conducto maleducado, escuchar a escondidas a las conversaciones de otras personas, pero a veces es la única manera de enterrarte de que piensa de verdad la gente.
Por ejemplo, yo sé que a veces, cuando alguien me explica la política española u opina sobre la política de la mía, siempre hace falta compensar por los huecos de entendimiento cultural. Pero en una conversación entre dos españoles, claro que a veces, muchas veces de hecho, decían que el otro no sabía nada, pero no era porque se ignoraba el contexto cultural y por eso se expresan de manera distinta.
Ahora, cinco años después, los domingos frecuento otro café. La situación política, aquí y en los Estados Unidos es bastante cambiado. Al principio del siglo XX, la política extranjera de los Estados Unidos lo resumió el entonces presidente Theodore Roosevelt: <
>. Ahora me parece que es más o menos igual, sólo que ahora gritamos. Me quedo pensando en esto después de escuchar algunas conversaciones el domingo pasado (sí, sigo escuchando a escondidas; es difícil dejar los vicios). Aunque a lo mejor haría faltar mucha explicación, me gustaría hablar más, a un nivel adecuado, y dejar esto de los palos.

La tertulia

Cuando estuve en España hace cinco años, me enamoré de la cultura de los cafés. Cada domingo iba al Café Moderno con el periódico para pasarme la mañana. Me fascinaba que a mi alrededor todo el mundo leyera y discutiera. Más que leerlo, me encantaba escuchar de qué comentaban las personas en las otras mesas. Ya sé que es un conducto maleducado, escuchar a escondidas a las conversaciones de otras personas, pero a veces es la única manera de enterrarte de que piensa de verdad la gente.
Por ejemplo, yo sé que a veces, cuando alguien me explica la política española u opina sobre la política de la mía, siempre hace falta compensar por los huecos de entendimiento cultural. Pero en una conversación entre dos españoles, claro que a veces, muchas veces de hecho, decían que el otro no sabía nada, pero no era porque se ignoraba el contexto cultural y por eso se expresan de manera distinta.
Ahora, cinco años después, los domingos frecuento otro café. La situación política, aquí y en los Estados Unidos es bastante cambiado. Al principio del siglo XX, la política extranjera de los Estados Unidos lo resumió el entonces presidente Theodore Roosevelt: <
>. Ahora me parece que es más o menos igual, sólo que ahora gritamos. Me quedo pensando en esto después de escuchar algunas conversaciones el domingo pasado (sí, sigo escuchando a escondidas; es difícil dejar los vicios). Aunque a lo mejor haría faltar mucha explicación, me gustaría hablar más, a un nivel adecuado, y dejar esto de los palos.

La tertulia

Cuando estuve en España hace cinco años, me enamoré de la cultura de los cafés. Cada domingo iba al Café Moderno con el periódico para pasarme la mañana. Me fascinaba que a mi alrededor todo el mundo leyera y discutiera. Más que leerlo, me encantaba escuchar de qué comentaban las personas en las otras mesas. Ya sé que es un conducto maleducado, escuchar a escondidas a las conversaciones de otras personas, pero a veces es la única manera de enterrarte de que piensa de verdad la gente.
Por ejemplo, yo sé que a veces, cuando alguien me explica la política española u opina sobre la política de la mía, siempre hace falta compensar por los huecos de entendimiento cultural. Pero en una conversación entre dos españoles, claro que a veces, muchas veces de hecho, decían que el otro no sabía nada, pero no era porque se ignoraba el contexto cultural y por eso se expresan de manera distinta.
Ahora, cinco años después, los domingos frecuento otro café. La situación política, aquí y en los Estados Unidos es bastante cambiado. Al principio del siglo XX, la política extranjera de los Estados Unidos lo resumió el entonces presidente Theodore Roosevelt: <
>. Ahora me parece que es más o menos igual, sólo que ahora gritamos. Me quedo pensando en esto después de escuchar algunas conversaciones el domingo pasado (sí, sigo escuchando a escondidas; es difícil dejar los vicios). Aunque a lo mejor haría faltar mucha explicación, me gustaría hablar más, a un nivel adecuado, y dejar esto de los palos.